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"Hay siempre dos personas en cada cuadro: el fotógrafo y el espectador."
Ansel Adams


jueves, 15 de septiembre de 2011

Autorretrato Fotográfico

El autorretrato fotográfico es fascinante, ya que entraña un narcisismo mediatizado y también una mezcla de egolatría y voyeurismo. Es narcisista por la autocontemplación, pero tiene un sentido de permanencia mayor que el de la simple observación ante el espejo: es imprimir el reflejo para contemplarse a placer.

Pero es también algo más. Si alguien te retrata sabes como te ven, puedes descubrir tu lado ciego, ese que los demás perciben de ti mismo pero tú no. Pero si te autorretratas no solo te contemplas a ti mismo, sino que les dices a los demás cómo deben verse. El autorretrato fotográfico no es un ejercicio onanista, implica también a otras personas. Es decir: Mira como me veo, mira como debes verme. Yo, que me conozco tanto, te muestro lo que estaba escondido.

En la literatura, el autorretrato por lo general es un ejercicio brutal de autoanálisis, un despiadado estudio de desventajas, una aspera confrontación entre lo que se fue y el nuevo yo, deformado y doblegado por la vejez, un inventario de defectos, a veces suavizado por el humor. El autorretrato fotográfico, sin embargo, oscila entre dos vertientes. Una es el pudoroso narcisismo de mostrarse escondido: me muestro, pero me avergüenza mostrarrne, por tanto me utilizo para reírme de mí mismo, o me parodio, o ensayo poses desenvueltas para demostrar que no me tomo en serio. La otra posibilidad es el impúdico y desatado impulso de mostrar el verdadero tras la máscara. El decir esta soy yo y ustedes no se habían dado cuenta. O quizás, este es el que quiero ser, pero no me atrevo a mostrarlo sino pasando por el filtro de la cámara, los lentes, el papel.





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